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Hay quienes dicen que el señor Black llegó al puerto de Buenos Aires durante una borrascosa noche de Noviembre. No se sabe exactamente en qué año llegó pero es seguro que sucedió en los años 20, poco después de surgida la Ley Seca. Irrumpió en el silencio de la noche, cuando toda la ciudad dormía. El hombre descendió a altas horas de la madrugada de un lujoso trasatlántico. Había cruzado todo el Pacífico con una sola intención. Nadie sabía cuál era pero todo aquel que tuvo el placer de conocerlo, afirma que desde que lo vio por primera vez supo que no era un hombre común y corriente. Era extraordinario, enigmático.

Su nombre era Oswald y su apellido Black. Era un hombre alto y delgado, de contextura robusta. Su cabello, negro azabache permanecía siempre desordenado. No así su extensa barba, a la que cuidaba constantemente. Venía de una extraordinaria y adinerada familia del norte de Edimburgo.

Con la llegada del misterioso hombre al puerto de Buenos Aires, se corrió el rumor de que un hombre proveniente de una de las familias más adineradas de Inglaterra había llegado para hacer importantes negocios.

En Inglaterra, los Black se dedicaron a la producción textil. La Black Trade Company nació en 1872 fundada por William Percival Black. Una de las más imponentes fabrica textil de la época.

Mucho se habló de la reputación del señor Black. Algunos decían que provenía de un circo, incluso se llegó a pensar que tenía dotes mágicos o que era descendiente de piratas, yo creo que algo de todo eso hubo en sus genes. Oswald era un hombre aventurero y explorador, viajaba constantemente siguiendo sus instintos. Pasaba meses en el mar o se adentraba en alguna selva para convivir con culturas aborígenes, buscando nuevos materiales, pigmentos y recursos para enriquecer la compañía de su familia.

Motivado por las fantásticas historias que le relataban sus padres, comenzó su primer viaje a los 18 años de edad. Su objetivo era claro, desde chico Oswald sabía que quería ser explorador. Impulsado por el afán de diferenciar la compañía, se dedicó a recorrer el mundo en busca de los mejores materiales para la industria.

Auténtico y característico, al Sr. Black le gustaba compartir sus historias recorriendo continentes y su pasión por la aventura a quien lo escuchara. Su lema era claro, y su filosofía única.